La neurona que no quemé
el cáncer que no provoqué
la navidad que me incendie
el orgasmo que no probé
el silencio que no escuché
el abrazo que no abracé
el camino que no pisé
el sillón que me senté.
La hoja en la cual no dibujé
el lápiz que no tomé
la imaginación que no encontré
la pintura que mezclé
el retrato que sulfuré
la paz que no calmé
la moneda que no cambié
el pelo que despeiné
el rojo que no busqué
la conciencia que desarmé
la pirámide que sin saber dibujé
el silencio que exclamé
todos los gritos que callé
el cerro en el que me presté
las flores que celé
los ojos de amor que no me percaté
los ojos de amor
amor, me percaté.
La ropa en la que me senté
la silla que no guardé
el juguete que siempre pensé
el poema que nunca creé
la fe que siempre pensé
la partícula en la que floté
el abrazo que siempre presté
la ceja que se volvió peste
la comida que te entregué
el pie en el que caminé
los cumpleaños que no disfruté
los sueños que te encargué
todos los caminos me llevan a desenvolverte
el sexo que siempre pensé
la tele que nunca prende
las piernas que no cerré
la vagina en la que eyaculé
el cuadro que siempre pensé
me imagino el teatro que improvisé
El café que dejé
las manos que guardé
la lagrima que boté
la sal que derramé
el aire que exhalé
la meditación de la que me alimenté
el futuro que maté
la dependencia que abandoné
la clase a la que falté
la sabiduría que gané
la micro que rayé
la molotov que tiré
la iglesia a la que entré
los días que nublé
el universo que desencadené
la hermosa estrella que encontré
el poema que finalicé
la imaginación que terminé.
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