lunes, 16 de diciembre de 2013

Póstuma silente

La neurona que no quemé

el cáncer que no provoqué

la navidad que me incendie


el orgasmo que no probé 

el silencio que no escuché

el abrazo que no abracé 

el camino que no pisé 

el sillón que me senté.


La hoja en la cual no dibujé

el lápiz que no tomé

la imaginación que no encontré

la pintura que mezclé 

el retrato que sulfuré

la paz que no calmé

la moneda que no cambié

el pelo que despeiné

el rojo que no busqué

la conciencia que desarmé

la pirámide que sin saber dibujé

el silencio que exclamé

todos los gritos que callé

el cerro en el que me presté

las flores que celé

los ojos de amor que no me percaté

los ojos de amor

amor, me percaté.



La ropa en la que me senté

la silla que no guardé

el juguete que siempre pensé

el poema que nunca creé

la fe que siempre pensé

la partícula en la que floté

el abrazo que siempre presté

la ceja que se volvió peste

la comida que te entregué

el pie en el que caminé

los cumpleaños que no disfruté

los sueños que te encargué

todos los caminos me llevan a desenvolverte

el sexo que siempre pensé

la tele que nunca prende

las piernas que no cerré

la vagina en la que eyaculé

el cuadro que siempre pensé

me imagino el teatro que improvisé



El café que dejé

las manos que guardé

la lagrima que boté

la sal que derramé

el aire que exhalé

la meditación de la que me alimenté

el futuro que maté

la dependencia que abandoné

 la clase a la que falté

la sabiduría que gané

la micro que rayé

la molotov que tiré

la iglesia a la que entré

los días que nublé

el universo que desencadené

la hermosa estrella que encontré

el poema que finalicé

la imaginación que terminé.



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